La adolescencia es una época de la vida llena de retos. Es un
período de transición en el que hay que despedirse de la época infantil, de lo conocido e ir
construyendo algo propio, diferente, que poco a poco constituirá su ser adulto.
Este movimiento es complicado, todavía no se tienen desarrolladas completamente las herramientas necesarias,
hay que realizar duelos por la infancia perdida, por el cuerpo perdido, hay que reconocerse en el nuevo cuerpo, en las
nuevas sensaciones y sentimientos derivados de los cambios físicos y psíquicos experimentados, en la
nueva imagen. Todos estos duelos y reconocimientos llevan un tiempo y un proceso.
A veces, este tiempo que el adolescente necesita para resituarse se
puede acompañar de descenso del rendimiento académico, discusiones en casa, no aceptación de las normas
y límites, cierta agresividad, consumos... Si bien estas conductas pueden situarse dentro de la normalidad
del proceso adolescente, hay casos en los que la mayor intensidad de estas manifestaciones indica un
malestar importante en el joven además de una gran preocupación familiar.
En esta situación se puede suponer que el joven está teniendo dificultades para realizar este camino
con sus propios recursos y se hace necesario iniciar un proceso terapeútico que le ayude a comprender
lo que le está pasando, y fortalecerse internamente para poder ir construyendo su identidad con menos sufrimiento.