A veces en la vida surgen momentos en los que la persona se da cuenta de que no es feliz o de que
el malestar que lleva tiempo sintiendo le genera sufrimiento. Se plantea que le
gustaría sentirse mejor, comprender qué es aquello que le hace sufrir, poder disfruta de la vida con mayor
plenitud y que para conseguirlo, quizá hacer terapia sea necesario.
Dar ese paso no siempre es fácil porque se acompaña de dudas, miedos, incertidumbre: qué pasará,
qué descubriré de mí mismo, qué pasos tendré que dar para encontrarme mejor,
será costoso, tendré que romper con ciertas costumbres... y en definitiva, la duda que surge poderosamentes es: realmente
todo esto me servirá para encontrarme mejor o será una pérdida de tiempo?
La terapia ofrece un espacio en el que la persona puede pensar sobre
sí misma, conocerse, comprenderse y también entender qué le está pasando en su vida, qué es lo que
desea para sí misma y qué no. Y durante este camino la persona está acompañada
por una profesional con la que compartir las dudas y miedos que este proceso conlleva. Conocerse con mayor
profundidad y pensar en uno mismo es la base para descubrir lo que genera malestar y cambiarlo para
conseguir una mayor plenitud y sensación de bienestar.